Con la vuelta de Ernesto Sanz a la mesa chica de JxC, los radicales afinan su estrategia para competirle al PRO

La URC se mantiene en un objetivo claro: no repetir el rol que tuvo en 2015. No sólo por haber perdido la PASO ante Mauricio Macri sino también por no haber sido parte de la toma de decisiones durante el gobierno. Para eso, se propone presentar candidatos con “más volumen político y territorialidad” y, en el caso de lograr un triunfo en 2023, “un programa” que influya y que sea ejecutable. Además de Gerardo Morales, Alfredo Cornejo y Facundo Manes como posibles presidenciables, el partido centenario cuenta con el regreso de un fuerte estratega a la mesa chica de Juntos por el Cambio: Ernesto Sanz.

“Yo ví que el radicalismo no gobernó entre 2015 y 2019″, dijo Facundo Manes en una entrevista con Infobae. Una idea que no es nueva y que hasta el propio Mauricio Macri se encargó de resaltar. Pero es un dato que por momentos favorece a la UCR -en los reproches por la toma de la deuda con el FMI, por ejemplo- y por otros perjudica: tienen la necesidad de ganar las próximas PASO de 2023 para emanciparse del PRO, su socio estratégico.

En 2015 necesitaron del PRO para “sobrevivir de las penurias” que venían sufriendo, según definió un referente del espacio a este medio, pero hoy “la diferencia es enorme”, analizó. ¿Por qué? Los radicales observan al espacio que preside Patricia Bullrich herido por la derrota electoral de Macri y María Eugenia Vidal. “Sólo conservan la ciudad de Buenos Aires. Hoy hay una UCR que tiene volumen territorial y que recuperó centralidad. Hoy nos sentamos en la mesa y es distinta la cosa”, apuntan.

Para Manes, “el radicalismo tiene la decisión de gobernar Argentina en 2023. Tenemos volumen político, territorio y una visión de país para convocar una coalición amplia pero desde el centro, no desde los extremos”.

Pero el crecimiento “territorial y de volumen político” con el que hoy cuenta la UCR acarrea su parte negativa para la coalición. Uno de los referentes del espacio recordó que en 2015 tenían un sólo candidato que fue Mauricio Macri. En privado confiesan que el rol de Elisa Carrió y de Sanz en las PASO fue casi testimonial: “Sólo fue una estrategia colectiva que salió bien”. En cambio, para la carrera a 2023, Juntos por el Cambio “pasó al otro extremo” y hoy cuenta con muchas figuras presidenciables. “Y es difícil administrar los egos”, reconocen.

Parte de esa guerra de egos, entre los posibles presidenciables de la coalición opositora, se ve reflejada en los últimos desencuentros. La negociación de la deuda con el FMI los encuentra, por estos días, en veredas distintas. El primero en marcar la cancha fue Morales al mostrarse aliado al Gobierno. “La deuda la contrajimos nosotros, lo menos que podemos hacer es ir a escuchar a Martín Guzmán”, expresó el gobernador jujeño cuando Horacio Rodríguez Larreta se negaba a asistir a la convocatoria del ministro de Economía. Esa frase ni siquiera cayó bien dentro de la UCR.

“Nuestro mayor peligro es quedar pegados con el Gobierno. Y el Gobierno trata de arrastrarnos a socios en las pérdidas”, había reprochado hacia dentro del espacio un radical que observa en Morales un apuro por pelear el 2023. “Cada uno sale a la cancha a buscar su propia identidad pero no advierten que se lesiona la identidad del conjunto”.

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